FUEGO EN EL CUERPO

La excelente película de Lawrence  Kasdam , ” Fuego en el cuerpo”,  aterriza en mi memoria traída por un nuevo encuentro con mi Ama, en el que el ardor ha invadido mi interior, una vez más, espiritualmente pero también en sentido literal. Y es que aquella maltratadora que encarnó Kathleen Turner en la inmortal película hacía presentir a uno que no había encontrado aún el Paraíso por no haber profundizado lo suficiente en los infiernos. Era mala de verdad aquella manipuladora, quizás uno de los personajes femeninos de la historia del cine mas inteligentemente perversos ( que redundancia la mía, como si pudiera haber perversión sin inteligencia..), más perturbadoramente atractivos y más destructivamente hermosos. Maquinó la Mantis seductora arrastrando a la perdición absoluta al abogado que interpretaba William Hurt -  en teoría un eficaz conquistador- y con él a miles de espectadores, pervertidos en  potencia, entre los que candidamente yo me encontraba, allá en el comienzo de los años ochenta. Caer en el averno, o ascender al cielo incendiado, ver que te diriges sin remedio a la condenación ( no eterna, que eso es mucho, pero sí para una buena temporada ) y no poder, ni querer evitarlo, lleno de fuego en el cuerpo. Generó aquel film lleno de pasión y de negrura una legión de futuras victimas de dominatrix. Allí estabamos.
A mi en concreto, aquella controladora mujer me hizo presentir, muchos años atrás, y gracias a esos maravillosos reflejos que provoca el cine, la Venida de mi Ama ( es una forma de idealizar cuando la conocí, porque en realidad Ella nunca ha venido, siempre fuí yo, podeís imaginar ). La diferencia es que este infierno de Wanda deja un retrogusto – que dicen ahora los sabios y sabiondos del vino – semanal que apacigua al animal que un@ lleva dentro. El padecimiento se transforma en placer, hasta alcanzar a una pletórica calma que hay que dosificar en tanto llega la siguiente cita con el Ama.
Pero es que en nuestra última sesión el fuego llegó al interior de mi cuerpo sin necesidad de lirismo alguno, sin metáforas vamos. Resulta que hay un producto que no sé bien si se llama Fish hot siliconebased warming, o algo similar, que se usa aplicado al dildo y penetra dilatando eficazmente y quemando el orificio invadido. Y yo, en mi vulgaridad putil  y mi voraz apetito postrero, he denominado este tipo de penetración, a modo de gourmet insaciable ” polla al peperone” . Es una receta sencilla, pero lo difícil es cogerle bien el punto, claro. A mi Ama le queda sabrosísimo. Se deben preparar previamente los fogones, calentando las nalgas del consumidor con una paleta bien ancha, de manera que queden enrojecidas de modo uniforme, como una vitroceramica o las chapas de las antiguas cocinas. Una vez bien caliente el receptor, se prepara la polla, untada hasta atrás de la citada majada, que se compra en el súper del vicio también llamado sex shop, porque en lo del vicio los ingleses van siempre por delante ( y nosotr@s por detrás ) Y se le añade un poquito de aderezo con látigo corto, para decorar el plato y dejár que el orificio respire antes de volver a meter el dildopolla al horno de nuevo. Así, tres veces, como cuando se asusta al pulpo ( al esclavito en este caso ). La Restauradora Mistress Natalie deja con este sencillo manjar a los glotones pasivos muy escocidos, con los andares maltrechos. Y si durante la preparación el fuego en el cuerpo es como de martirio sanlorenciano, después, a la media hora, siente uno que ha desgustado delicatesen, con lo bueno que es eso para los condenados espíritus.

Aunque la mona se vista de seda…

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